Cuidar la audición

Una ventana abierta para proteger la salud cerebral de nuestros mayores

Cuando pensamos en el cuidado y la prevención en el ámbito de las demencias, solemos centrarnos en la estimulación cognitiva, la actividad física o la nutrición. Sin embargo, en los últimos años la comunidad científica ha puesto sobre la mesa un factor tan cotidiano como determinante para la salud del cerebro: la audición.

Diversos estudios publicados en revistas de prestigio internacional, como JAMA Neurology o las revisiones de la Comisión de The Lancet, señalan que la pérdida auditiva no tratada es uno de los principales factores de riesgo modificables en relación con el deterioro cognitivo y las demencias.

¿Por qué está tan conectada la audición con la memoria?

A medida que envejecemos, es habitual restar importancia a los pequeños problemas de audición, considerándolos una simple incomodidad de la edad. No obstante, los expertos explican que el impacto va mucho más allá:

Age Management Medicine Group

Sobrecarga cognitiva

Cuando una persona pierde audición, su cerebro tiene que realizar un esfuerzo suplementario constante para descifrar los sonidos y las palabras del entorno. Esta «fatiga mental» desvía recursos neurológicos que deberían destinarse a funciones tan importantes como la memoria, la atención o el razonamiento.

El aislamiento social

Oír mal dificulta la participación en conversaciones, reuniones familiares o actividades cotidianas. Poco a poco, muchas personas optan por aislarse para evitar la frustración o la incomodidad. La falta de interacción social y de estímulos externos es, a su vez, un acelerador conocido del deterioro cognitivo.

La buena noticia: es un factor que podemos prevenir y tratar

La parte más esperanzadora de esta relación es que la salud auditiva está en nuestras manos. Detectar a tiempo un problema de audición y ponerle solución mediante revisiones periódicas con especialistas y el uso de audífonos cuando estén indicados no solo mejora la calidad de vida y la comunicación diaria, sino que actúa como un escudo protector para el cerebro.

Prestar atención a lo que oyen nuestros mayores, acompañarles a revisar su capacidad auditiva y normalizar el uso de ayudas técnicas es también una forma directa de cuidar su mente y su bienestar emocional.

¿Habéis notado si vuestros familiares o vosotros mismos tenéis dificultades para seguir las conversaciones en ambientes con ruido? Cuidar los pequeños detalles es el primer paso para grandes cambios.