Nutrición y Salud Cerebral
El impacto de la hidratación en el rendimiento cognitivo
Con la subida de las temperaturas en este mes de junio, la salud de nuestro cerebro depende de un factor tan básico como vital: el agua. El cerebro de una persona mayor atraviesa cambios biológicos que afectan directamente a la percepción de la sed. A menudo, el mecanismo biológico que nos avisa de que necesitamos beber se debilita con la edad, lo que convierte a la deshidratación en uno de los factores de riesgo más comunes para la aparición de episodios de delirium, confusión o desorientación abrupta.
Los expertos en neurobiología y gerontología insisten en que mantener un estado óptimo de hidratación actúa como un protector de las funciones ejecutivas y de la memoria a corto plazo.
Para asegurar una correcta «nutrición hídrica» sin que se convierta en una batalla diaria, se recomienda aplicar las siguientes pautas:
Pauta 1
La estrategia de la pauta horaria (no esperar a tener sed)
Establecer la rutina de ofrecer un pequeño vaso de agua cada hora y media, en lugar de esperar a que la persona lo solicite. Si la ingesta se fragmenta a lo largo del día, el volumen total necesario se alcanza de manera natural y sin esfuerzo.
Pauta 2
Variedad de texturas y sabores
Si el agua sola resulta rechazada, se debe recurrir a alternativas saludables: infusiones frías (como polo de limón o menta), aguas saborizadas de forma natural con rodajas de fruta (naranja, fresas), o gelatinas (especialmente útiles si existen problemas de disfagia o dificultad de deglución).
Pauta 3
Alimentos con alta densidad hídrica
Junio nos trae alimentos excelentes para la salud cerebral y general. Priorizar en las comidas frutas y verduras de temporada como la sandía, el melón, el tomate (en gazpacho) o el pepino. Son herramientas directas para nutrir las conexiones neuronales y mantener la agilidad mental.
Artículo basado en los indicadores de salud neurobiológica y guías de práctica clínica para el cuidado integral en el envejecimiento.
