La Soledad No Deseada
El dolor que no se ve
En primavera solemos hablar de salir y socializar, pero para miles de personas mayores en nuestro país, el aislamiento no entiende de estaciones. La soledad no deseada no es simplemente «estar solo» (mucha gente disfruta de su independencia), sino la dolorosa discrepancia entre las relaciones que una persona tiene y las que realmente desearía tener.
¿Por qué es una emergencia de salud pública?
La ciencia médica ya no considera la soledad como un simple estado de ánimo. Diversos estudios e instituciones internacionales la equiparan en daño físico a factores de riesgo altamente conocidos:
Impacto cardiovascular
El estrés crónico derivado de la desconexión social eleva la presión arterial y el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares.
Deterioro cognitivo
La falta de interacción reduce la estimulación cerebral, acelerando los síntomas de demencias y pérdidas de memoria.
El círculo vicioso
Cuanto más sola se siente una persona, más insegura se vuelve para retomar el contacto social, encerrándose más en sí misma.
¿Cómo podemos actuar desde nuestro entorno?
La regla de la llamada de 5 minutos
No necesitas horas libres. Una llamada corta pero frecuente a ese familiar o vecino que vive solo tiene un impacto brutal en su bienestar semanal.
Detección en el barrio
Los farmacéuticos, comerciantes y vecinos son los primeros en notar si un mayor empieza a descuidar su aspecto o deja de salir. La comunidad es la mejor red de alerta.
Fomento de actividades significativas
No basta con «apuntarles a cosas». Deben ser actividades donde la persona mayor se sienta útil y escuchada, no un mero espectador.
Fuente: Informe sobre Soledad y Salud, Observatorio de la Soledad España / OMS.
