La barrera invisible que debemos derribar
A menudo hablamos de diversidad e inclusión, pero existe un «ismo» que suele quedarse fuera de la conversación: el edadismo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este concepto se refiere a los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) hacia las personas en función de su edad.
«A diferencia de otras formas de discriminación, el edadismo es universal; si tenemos la suerte de envejecer, todos lo experimentaremos.»
¿Por qué debería importarnos ahora?
En nuestro entorno laboral y social, se manifiesta de dos formas principales:
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Hacia los mayores Ideas preconcebidas de que son menos productivos, resistentes al cambio o tecnológicamente «incapaces». |
Hacia los jóvenes Menospreciar el talento o la opinión de alguien basándose únicamente en su falta de años, asumiendo una supuesta inmadurez profesional. |
El impacto real en cifras
No es solo una cuestión de «modales» o respeto. El edadismo tiene consecuencias tangibles:
«El edadismo nos divide, nos impide aprovechar el potencial de todas las generaciones y limita nuestra capacidad de innovar en un mundo cada vez más longevo».
Una reflexión necesaria
¿Cómo combatirlo en nuestro día a día?
Cuestiona tus sesgos
Antes de descartar una idea por la edad de quien la propone, analiza el contenido.
Fomenta la mentoría inversa
Los jóvenes pueden enseñar nuevas herramientas digitales; los veteranos pueden aportar visión estratégica y gestión de crisis.
Cuida el lenguaje
Evita términos condescendientes o generalizaciones sobre las «generaciones».
Fuente: Informe mundial sobre el edadismo, Organización Mundial de la Salud (OMS).
Derribemos juntos esta barrera invisible
