“Cuando la alimentación no cubre lo que debería”

Por Equipo Health Care de Campofrío

Con la edad, comer deja de ser algo automático y puede llegar a convertirse en un reto diario.
La pérdida de apetito, los cambios fisiológicos y la fragilidad hacen que muchos mayores no cubran
sus necesidades nutricionales, aunque hagan sus cuatro-cinco comidas al día.

Cuando se come poco, lo importante es que cada bocado cuente.

Una ingesta insuficiente (en cantidad o calidad) puede acelerar el deterioro funcional, aumentar el riesgo de caídas e infecciones,
y reducir la calidad de vida. Por eso es clave detectar y corregir pequeños errores que, si se acumulan, terminan teniendo
consecuencias importantes.

Error 1: Reducir la ración sin control

Cuando una persona tiene poco apetito, es habitual servirle menos cantidad para evitar que se agobie o rechace la comida.
Aunque la intención es buena, reducir la ración sin atender a su contenido nutricional puede ser contraproducente:
puede favorecer la pérdida de peso, acelerar la pérdida de masa muscular y, con ello, comprometer la funcionalidad y la autonomía.
Justo lo contrario a lo que buscamos. Hay que evitar la restricción dietética.

Aunque los requerimientos energéticos van disminuyendo con la edad, la necesidad de la mayoría de los nutrientes se mantiene
relativamente sin cambios.

¿Qué podemos hacer?

En lugar de ofrecer más cantidad, que probablemente no comerá, podemos enriquecer lo que ya toma con alimentos habituales y fáciles
de integrar, priorizando aquellos ricos en proteínas y energía.

Por ejemplo, una sopa ligera se puede enriquecer añadiendo un poco de leche entera o una cucharada de queso curado rallado justo al final.
Las cremas de verduras aceptan muy bien el añadido de leche, una cucharada de mantequilla o un chorrito generoso de aceite de oliva virgen extra.
También podemos añadir una cucharada de queso de untar a la crema donde, además de suavizar la textura, aporta calorías sin modificar apenas el sabor.

En los purés salados, funcionan bien las legumbres cocidas trituradas (como lenteja roja sin piel o garbanzo) o un poco de jamón cocido muy picado.

Error 2: Concentrar toda la proteína en la comida del mediodía

Es bastante habitual que la mayor parte del aporte proteico del día se concentre en la comida principal: un filete con guarnición,
pescado con arroz… En cambio, el resto de las ingestas como el desayuno o la cena, suelen ser pobres en este nutriente clave.


Para mantener la masa muscular en personas mayores, no solo importa la calidad y cantidad de proteína total,
sino también cómo se reparte a lo largo del día
.

Existe numerosa evidencia científica y recomendaciones de organismos oficiales sobre la ingesta óptima de proteínas en la dieta de
personas mayores, donde reflejan que no es suficiente alcanzar una cantidad total de proteínas al día:
es clave distribuirlas adecuadamente a lo largo del día, para asegurar al máximo la síntesis de proteína muscular.

¿Qué podemos hacer?

Incorporar alimentos ricos en proteínas también en desayunos y meriendas. Algunos ejemplos sencillos podrían ser:

  • Un vaso de leche entera con pan y queso tierno
  • Una rebanada de pan con hummus
  • Un yogur entero con frutos secos
  • Un batido casero con leche y fruta

También se puede recurrir a soluciones comerciales ya adaptadas cuando la persona tiene baja ingesta o necesidades elevadas.

Error 3: No individualizar horarios ni patrones alimentarios

Tanto en residencias como en casa, es habitual mantener horarios fijos para las comidas. Pero no siempre coinciden con el ritmo real de la persona.
Algunas tienen más apetito a media mañana que al mediodía, otras necesitan tiempo tras despertarse para desayunar con apetito…
Si no se tiene en cuenta, es fácil que dejen parte del plato… o que lleguen con hambre a deshoras.

¿Qué podemos hacer?

Hay que evitar la rigidez de horarios. Vaya por delante que no siempre se pueden mover los horarios del centro, pero sí podemos adaptarnos
a lo que vemos cada día.

Si una persona no desayuna bien recién levantada, plantear un refuerzo a media mañana puede ser una opción inteligente.
Si llega a la comida sin hambre, pero por la tarde merienda con gusto, aprovechemos ese momento para introducir alimentos clave.

Incluso tener preparados platos sencillos; como cremas proteicas o postres enriquecidos listos para ofrecer fuera de horario.
Lo esencial es observar, registrar y ajustar: no todas las personas mayores comen igual, ni a la misma hora, ni con el mismo ritmo
y de esta manera podemos evitar pérdida de peso innecesaria.

Error 4: No registrar ni comunicar cambios en la ingesta

Quienes están más cerca en el día a día —auxiliares, cuidadores, personal de cocina— son los primeros en detectar cuándo algo no va bien.
Si una persona empieza a comer menos, a rechazar ciertos alimentos o simplemente “ya no es la misma” a la hora de sentarse a la mesa,
eso hay que contarlo. No siempre es fácil, pero no hacerlo a tiempo complica la intervención.

¿Y qué podemos hacer?

Lo primero: observar. Lo segundo: compartir lo que observamos. Un comentario apuntado en una libreta o transmitido al profesional
de referencia puede ser clave para evitar un problema mayor.

Cuando algo cambia conviene no dejarlo pasar.

Error 5: Monotonía en sabores, colores y texturas

Cuando las dietas se centran en preparaciones demasiado blandas o con poca gracia, algo común en personas con dificultades para masticar o deglutir,
es fácil perder el interés por la comida. Esto no solo afecta a la ingesta, también lo hace al estado de ánimo, especialmente en quienes ya presentan
deterioro cognitivo o apatía.

El sabor, el color y el aroma también forman parte del cuidado: despiertan recuerdos, emociones y apetito.

¿Qué podemos hacer?

Hay formas sencillas de mejorar esto. No hace falta cambiar el menú entero, pero sí introducir pequeños detalles que mejoren la organolepsia
(percibir por los sentidos) y aumenten la apetencia.

Por ejemplo: añadir especias, hierbas aromáticas suaves como la albahaca o perejil pueden dar vida a un puré; un toque de curry suave o pimentón dulce
que aporta calidez y color sin resultar agresivo en el sabor.

También conviene jugar con los colores de las verduras: una crema de zanahoria no despierta lo mismo que una de coliflor. Y, si es posible,
dar forma al triturado con moldes o emplatar con algo más de mimo, cambia la percepción del plato.

En Proelder vamos a colaborar con una Fundación que, entre otras actividades, fomentan la dieta saludable y adecuada de personas mayores.
Organizaremos algún taller concreto sobre alimentación y nutrición. Cuerpo sano, mente sana.
Ofreceremos más adelante el servicio “El Menjar a casa” para personas que no pueden gestionar su alimentación.

“Cuidar es un acto de amor que fortalece tanto al que lo da como al que lo recibe.”

— Víctor Hugo